¿Qué has aprendido este año?

Llega el final del año, y con él las clásicas reflexiones sobre los doce meses que pasaron. En esta ocasión, me gustaría plantearte una muy concreta: ¿qué has aprendido este año? 

Para ayudarte en esta reflexión, he preparado una serie de preguntas. Son las siguientes:

¿Qué te habías propuesto aprender?

Cuando empezó el año… ¿tenías definidos unos objetivos de aprendizaje? ¿Habías hecho unos presupuestos? En plan “este año lo voy a dedicar a profundizar en esto, en esto y en esto otro… y lo voy a hacer así, dedicando este tiempo, con estos recursos, etc…”

Si la respuesta es que sí… ¿qué tal has cumplido esos objetivos? ¿Realmente sirvieron para orientar tu esfuerzo a lo largo de estos meses? ¿Te han servido para centrarte, o se quedaron en meros “buenos propósitos”?

Si la respuesta es que no… no te sientas culpable. La mayoría de las personas no se plantea el aprendizaje en esos términos. No hacemos planes, y dejamos que las cosas surjan a salto de mata. Actuamos por impulso, picoteando un poco de aquí, otro poco de allá…

La cuestión es… ¿es una forma eficaz de hacer las cosas? ¿Crees que tener unos objetivos te habría ayudado a focalizarte?

Por otro lado es importante, cuando uno se plantea objetivos, que sean muy acotados y muy concretos. No vale “aprender a tocar la guitarra”. ¿Quieres aprender algún acorde que aún no sepas? ¿Quizás alguna escala? ¿Una serie de canciones determinadas? 

Cuando más claro sea el objetivo, cuanto más definido esté el punto de llegada… más fácil será orientar tus esfuerzos.

¿Qué contenidos has consumido?

Te propongo que saques papel y lápiz, y que hagas un listado. ¿A qué cursos has asistido? ¿Conferencias? ¿MOOCs? ¿Qué tutoriales online has seguido? ¿Libros que has leído? ¿Podcasts que has escuchado? ¿Vídeos en youtube?

Si eres como la mayoría de personas, te va a costar hacer ese listado. ¿Qué libros leíste en enero? ¿Qué vídeos viste durante el verano? Si no tenemos algún sistema de registro/archivo, nos va a costar mucho recuperar de memoria ese listado.

Y fíjate, si ni siquiera somos capaces de recordar las fuentes que hemos consumido… ¿qué expectativas podemos tener respecto a sus contenidos? A lo largo del año pasamos por encima de un montón de recursos… pero de forma muy superficial. Tanto que, pasadas unas semanas o unos meses, ni siquiera los recordamos.

Y eso debería hacernos pensar en la cantidad de tiempo, esfuerzo, e incluso dinero… que hemos dedicado a consumir esos contenidos, y en el poco partido que les hemos sacado. ¡Ni siquiera recordamos haberlos hecho!

¿Qué ideas relevantes has sacado?

De todo lo que recuerdas haber leído/visto… ¿qué ideas realmente relevantes/novedosas se han añadido a tu “cuerpo de conocimientos”? Ideas, modelos, ejemplos, teorías… ¿qué sabes hoy que no sabías hace un año?

Haz un análisis del listado que has hecho en el punto anterior. Por cada curso, por cada libro, por cada vídeo que has recordado… expón las tres/cuatro ideas clave que te sorprendieron, que te hicieron replantearte las cosas, que te dieron un nuevo enfoque.

¿Salen muchas? ¿O pocas? Uno de los fenómenos habituales en esto del aprendizaje es la facilidad con la que pasamos una y otra vez por los mismos terrenos. Nos resulta cómodo leer cosas que ya sabemos, confirmar ideas que ya teníamos. Eso es mucho más sencillo que enfrentarse a cosas realmente novedosas, porque ahí nos toca trabajar más para encajar las piezas.

Pero claro, ¿qué sentido tiene dedicar tiempo a volver sobre cosas que ya sabemos? Mira tu lista de “ideas relevantes/novedosas”… ¿te satisface? ¿ha merecido la pena el esfuerzo? ¿podrías haber sacado más?

¿Qué haces de forma diferente?

El conocimiento por el conocimiento no está mal. Pero cuando realmente el aprendizaje se demuestra es cuando hacemos cosas que antes no hacíamos, cuando cambiamos nuestra forma de actuar. Eso es lo que nos da la oportunidad de conseguir resultados diferentes. Para eso sirve aprender.

Así que, de todas las ideas relevantes/novedosas que identificaste en el punto anterior… ¿cuáles te han servido para hacer cosas de manera diferente? ¿De qué forma las has puesto en práctica? ¿Qué resultados has obtenido? ¿Qué has podido hacer este año, gracias a lo aprendido, que no podías hacer el año anterior?

Éste debería ser el objetivo último de todo aprendizaje: cambiar lo que somos capaces de hacer. Desde este prisma… ¿cómo ha sido tu año?

Una retrospectiva pensando en el futuro

El objetivo de las preguntas que te he ido haciendo durante este artículo es, principalmente, hacerte reflexionar sobre la eficacia de tu aprendizaje. Hacer que te cuestiones si todo el tiempo, esfuerzo y recursos que has dedicado a aprender ha merecido la pena. Si los resultados han compensado el esfuerzo.

Sea cual sea tu respuesta, queda plantearse qué vas a hacer el próximo año. Voy a utilizar las cinco preguntas de la “starfish retrospective” para ayudarte con esta reflexión. Partiendo de lo que has hecho este año…

  • ¿Qué crees que deberías empezar a hacer que hasta ahora no hayas hecho?
  • ¿Qué cosas ya haces, pero crees que deberías hacer con más frecuencia/intensidad?
  • ¿Qué cosas deberías seguir haciendo como las haces?
  • ¿Qué cosas deberías seguir haciendo, pero con menos frecuencia/intensidad?
  • ¿Qué deberías dejar de hacer?

Con las respuestas a estas preguntas deberías ser capaz de trazar un plan de acción muy claro que te ayude a hacer las cosas de manera diferente. Con un único objetivo: tener mejores resultados y mayor satisfacción de tu aprendizaje.

Qué. ¿Te animas?

Andragogía, el aprendizaje de los adultos

Qué es la andragogía

Antes que nada, no temas. No pretendo escribir un sesudo artículo lleno de palabrejas raras al estilo de los textos académicos. De hecho, intentaré que “andragogía” sea la única… Mi objetivo hoy es explicar de manera sencilla qué es la andragogía, y qué aporta de cara a la forma en que tú organizas tu propio aprendizaje, o diseñas el aprendizaje de otros en tus cursos o actividades de formación.

Andragogía aprendizaje adultos

Andragogía es un término de origen griego, formado como combinación de “hombre” y “guía”, y se refiere a la educación de adultos. Se utiliza en contraposición a la pedagogía, que sería la educación de niños.

¿Y por qué es relevante esta distinción? Porque los adultos no somos como los niños. Sí, ya, una obviedad, pero… ¿cuántas veces vemos, o sufrimos (o peor aún, hacemos sufrir) experiencias formativas que siguen los mismos patrones que si estuviésemos en un aula de primaria?

Los adultos no somos niños

Insisto, parece una obviedad: los adultos no somos niños. Así que la andragogía tendrá que tener matices diferentes respecto a la pedagogía. Pero… ¿en qué nos diferenciamos? No está de más repasar en qué aspectos somos diferentes los adultos de los niños, y el impacto que tiene eso en nuestra forma de aprender (y por lo tanto de organizar el aprendizaje):

  • Somos de nuestro padre y de nuestra madre: que cada uno tenemos nuestro carácter y nuestra personalidad es algo que queda patente desde muy niños. Pues a eso sumémosle años de experiencias, buenas y malas. Distintos orígenes, distintas relaciones, distintos entornos. ¿El resultado? Pues eso, cada uno con nuestras “cadaunadas”.
  • Acumulamos un montón de experiencias: fruto de los años vividos, de las situaciones a las que nos hemos visto sometidos… tenemos un importante equipaje. Algo que puede ser muy útil (a la hora de construir sobre ello nuestros nuevos aprendizajes), y también suponer una barrera en forma de vicios, prejuicios, malos hábitos, frustraciones, malos recuerdos o incluso éxitos pasados… No en vano dicen que desaprender es un primer paso fundamental para poder aprender.
  • Toleramos mal la asimetría: a estas alturas de la vida, todos hemos tenido nuestra cuota de responsabilidades y de experiencias, situaciones en las que hemos “estado al mando” y en las que, en definitiva, hemos ejercido de adultos. Eso de que venga “un listo” a “enseñarnos” como si fuéramos niños, a decirnos lo que tenemos que hacer, a “adoctrinarnos”… lo llevamos mal. Sí, puede que esa persona sepa algunas cosas, pero yo también puedo enseñarle una o dos.
  • Sabemos cómo somos: llevamos años conviviendo con nosotros mismos, y nos conocemos bastante bien. Tenemos nuestra opinión respecto a cómo funcionamos, lo que se nos da bien y lo que se nos da mal. Solemos ser bastante autónomos en muchas áreas de nuestra vida. Queremos voz y voto en cómo se desarrolla nuestro proceso de aprendizaje, en las actividades que realizamos, en cómo las afrontamos. Se aceptan sugerencias, pero no imposiciones.
  • Aprendemos porque queremos: no estamos obligados a este proceso de aprendizaje. Estamos aquí porque hemos querido, y seguiremos aquí mientras queramos. En el momento en que no sea así… adiós muy buenas. El factor de motivación es fundamental.
  • Somos utilitaristas: normalmente queremos aprender porque hay problemas concretos que queremos resolver. Se nos da mal el aprendizaje “teórico” o el aprendizaje “preventivo”. Si no me sirve para resolver el problema que me aqueja, voy a perder el interés.
  • Tenemos otras responsabilidades: trabajo, familia, ocio, preocupaciones… no tenemos mil horas a nuestra disposición para dedicarlos a este aprendizaje, y nuestra flexibilidad es limitada. O me lo pones fácil, o no vamos a llegar muy lejos.

Algunas claves de la andragogía para facilitar el aprendizaje de los adultos

Andragogía aprendizaje adultos

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Si los adultos no somos como los niños… ¿cómo podemos diseñar nuestras experiencias de aprendizaje, tanto para nosotros mismos como para otros? ¿Qué nos puede aportar la andragogía?

  • Dejar que se individualicen los objetivos: podemos tener en mente un “objetivo general”, pero cada persona va a ponerlo en términos de sus propias necesidades, sus experiencias, su forma de ser… Es importante dejar un espacio y un tiempo, de forma expresa, a hacer que cada uno haga su reflexión y personalice sus objetivos. En mi guía para diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz ésta reflexión ocupa un papel fundamental.
  • Investigar los problemas: ¿cuáles son los “dolores” que la persona intenta curar a través del aprendizaje? Nada de generalidades, cuanto más concreto mejor. Si está dispuesto/a a dedicar tiempo, energía, dinero… al aprendizaje, es para algo. Hay que entender bien ese “para qué” para poder enfocar la actividad a resolverlo. Porque es a eso a lo que ha venido.
  • Volcar hacia la práctica: cuanto más aplicable sea lo que se haga, mejor. Si puede terminar la clase, o el vídeo, o lo que sea… e irse directamente a ponerlo en práctica en su contexto, mejor. Primero porque eso reforzará su aprendizaje, y segundo porque le da sentido y mantiene su motivación.
  • Explicar cada paso: los adultos somos seres “más racionales”. Nos viene bien entender “por qué” y “para qué” hacemos cada cosa. Hacer simplemente porque otro nos lo dice no nos hace sentir cómodos. Por eso es importante explicar cada actividad, cada contenido… para que las personas puedan hacerse una composición de lugar.
  • Basarse en las experiencias pasadas: aprovechemos el equipaje que trae cada uno. ¿Cuáles son sus experiencias concretas? ¿Qué hizo, en qué contexto, qué pasó? ¿En qué acertó, en qué se equivocó, cómo podría hacerlo de forma distinta? Todo lo que sea construir sobre la experiencia concreta es un paso de gigante para personalizar y consolidar los aprendizajes.
  • Hacer partícipes en el diseño: ¿qué os ha parecido la actividad de hoy? ¿qué haríais de forma distinta? ¿cómo se os ocurre que podemos practicar esto? ¿por dónde os gustaría enfocar la próxima sesión? Hacer que las personas participen en el desarrollo de las actividades de aprendizaje les da un sentido de propiedad, de adaptación a sus necesidades, de motivación… sin el que es más fácil que se desconecten.
  • Dar opciones: sabiendo que cada persona es distinta, ¿por qué no dar opciones? Si hay alguien que prefiere leer, que lea. Si hay alguien que prefiere ver vídeos, que los vea. Si hay alguien que prefiere hacer más ejercicios, que los haga. Si hay alguien que prefiere empezar por una cosa en vez de por otra, que empiece. Pretender llevar a un colectivo a un ritmo uniforme, y con café para todos, es una pésima idea.
  • Facilitar la autoevaluación: igual que es cada persona quien establece sus objetivos de aprendizaje, también es quien tiene que determinar si ese objetivo se está cumpliendo o no. La labor del facilitador es dar a la persona la oportunidad de hacerse preguntas y acompañarle en la exploración de qué está funcionando y quién no, siempre desde su propia perspectiva.
  • Relacionarse de igual a igual: aquí no hay tarima y pupitres. No hay atril. No hay docente y dicentes. En el mejor de los casos hay un facilitador del aprendizaje que se tiene que situar al mismo nivel que el resto del grupo. Que participa como un igual en las conversaciones, que comparte sus experiencias, que no tiene miedo a equivocarse, a que le cuestionen, a dar la razón. Alguien que reconoce que comparte aprendizaje con gente que también tiene mucho que enseñar.
  • Utilizar el espacio: la relación horizontal tiene su traslación también al espacio físico (o virtual, en su caso). Un espacio que facilite la interacción, que elimine las barreras, que refleje la igualdad en el status, que sea flexible.
  • Adaptarse al ritmo de vida: sabemos que las personas tienen sus trabajos, sus familias, sus mil y una responsabilidades. Ya no están en el colegio. El tiempo/energía/atención que pueden dedicar al aprendizaje es limitado. Cualquier propuesta de actividad, ejercicios, prácticas, trabajos de grupo, lecturas, lo que sea… debe tener en cuenta esta realidad, y ponerlo fácil. Cosas que puedan hacerse en “ratos muertos”, que no exijan grandes periodos de tiempo continuados, que vayan “al grano”, que puedan gestionar con flexibilidad, que puedan integrar en su día a día…

He subido un vídeo a mi canal de youtube hablando sobre la andragogía y cómo sus conclusiones nos pueden ayudar a preparar mejor los procesos de aprendizaje de adultos.

Llegados a este punto, podríamos argumentar que muchos de estos criterios son perfectamente aplicables al aprendizaje de jóvenes y niños, y de hecho tiene más que ver con un enfoque del aprendizaje más centrado en el “aprendiz” que en la edad. Lo que es seguro es que, para los adultos, no son una opción.

Más información | El aprendizaje en los adultos, por Juanda “LearningLegendario” Sobrado
Más información | Teorías de aprendizaje para adultos, por Guillermo Rodríguez Lorbada

PD – He editado este contenido como un episodio para el podcast Skillopment. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Bienvenida

Éste es el primer artículo de comoaprendermejor.com. ¡Déjame darte la bienvenida!

Mi nombre es Raúl Hernández González. Llevo escribiendo mi blog desde 2004. Siempre he tenido interés por el desarrollo personal y profesional, y en los últimos tiempos eso me ha llevado a interesarme cada vez más por “cómo aprender”. Y no de cualquier manera, sino a “cómo aprender mejor”.

Creo que desarrollar nuevas habilidades es una de los “superpoderes” que todos tenemos al alcance de nuestras manos. Y si somos capaces de hacerlo de forma eficaz, en poco tiempo, aprovechando el esfuerzo… ¡tendremos una gran ventaja!

Por eso empecé a leer cada vez más, a investigar, a escribir… hasta llegar al convencimiento de que estas ideas merece la pena difundirlas. Por eso escribí mi ebook, empecé a dar charlas y organizar talleres, creé el modelo Skillopment… y ahora he montado esta web para poder recopilar todo eso en su propio espacio.

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